viernes, 14 de mayo de 2010

Caso Paulette Gebara - Paulette Gebara fue asfixiada + otros 2 articulos

DIARIO PRESENTE

14 de mayo de 2010


El asesino sería el amante de Lisette Farah, quien para esconderse de Mauricio Gebara, se metió al cuarto de la niña y la mató para que no hiciera ruido

Ciudad de México.- En lo que debe de ser una primicia nacional y mundial, dada la celebridad del caso, ayer en el informativo radifónico de Radio Acir, "Panorama Tabasco", se dió un adelanto de cómo se develará el misterio de la muerte de la niña Paulette Gebara. Se trataría de un asesinato.

Dimos la Versión por la confiabilidad de nuestra fuente, en la certeza de que finalmente el esclarecimiento del caso verificará nuestro adelanto periodístico. Estos serían los hechos:

1.-El Asesino sería el amante de la señora Lisette Farah, que no es como se especuló, su entrenador, sino un conocido personaje perteneciente a la comunidad judía. El asesinato habría ocurrido así: La niña Paulette Farah no desapareció el domingo, sino que fue asfixiada el lunes por la mañana.



2.-Mauricio Gebara y Lisette Farah tenían tiempo separados y en conflicto. Mauricio nunca subía al departamento de Lisette. Ese lunes subió. Y ahí se encontraba el amante de Lisette. Éste fue a esconderse al dormitorio de la niña Paulette. Esta se asustó y quiso gritar. El hombre entonces le tapó la boca y la niña habría muerto por asfixia.

3.-Ante el hecho terrible, la señora Lisette y su amante, que vivía en el mismo edificio, dos pisos arriba, urdieron la historia. Lo primero fue subir el cuerpo de Paulette al departamento del amate, fingir un secuestro y tratar de cobrar un rescate de un millón de dólares al abuelo de la niña Paulette, quien la adoraba. (Mauricio Gebara, jugador compulsivo, está quebrado). Como el abuélo creía que le querian robar a su nieta, le ofreció 500 mil dólares a Lisette Farah si la niña Paulette aparecía.

4.-Pero el asunto se complicó por el estricto sistema de vigilancia en el edificio, la versión del secuestro se hizo imposible. Entonces Lisette Farah decide pedirle ayuda a su prima, mujer guapísima, presunta amante del secretario de Gobierno del Estado de México, Luis Miranda, a quien no se cuenta toda la verdad, y éste decide ayudar a Lisette Farah.

5.-Es así que el caso se complica y se enreda deliberadamente. El procurador Baz Baz, que fue promovido como tal por Luis Miranda, siguió las instrucciones de éste, sin conocer el fondo del asunto. El arraigo y la presentación a declarar de Mauricio Gebara y de Lisette Farah, operaron como una cortina de humo en el asunto. En la oportunidad, el amante y Lisette bajaron el cadáver de la niña Paulette y lo colocaron donde luego fue encontrada.

6.-Esta Primicia debe ganar los espacios informativos. Ya como información oficial confirmada en cualquier momento de este fin de semana. Por supuesto, las implicaciones políticas del asunto son enormes y sus consecuencias impredecibles. Si el gobernador Enrique Peña Nieto entrega a su secretario de Gobierno, Luis Miranda, a la justicia y se le impone el castigo debido al procurador Baz Baz por su torpeza, saldrá bien librado y fortalecido como un hombre respetuoso de la ley y partidario de la justicia y crecerá como candidato presidencial. Ahí esta la gran incógnita del asunto......


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Idólatras modernos II

LaJornadaAguasCalientes.com

13-05-2010

Por Germán Castro

Ni coordinados lo hubieran hecho mejor: autoridades y medios de comunicación consiguieron que, durante unas tres semanas, el extraño caso de la niña Paulette Gebara Farah se convirtiera en una especie de juego de Clue masivo: frente al televisor, un monstruo de miles y miles de cabezas, de cientos de millares de ojos expectantes, fue recabando pistas entre corte y corte comercial, tomando declaraciones, elucubrando posibles e imposibles respuestas al misterio, catando las actitudes de los involucrados, sugiriendo líneas de investigación y avispadas estrategias, juzgando, metiéndose en los zapatos de los personajes... Según sus progenitores, la niña desapareció de su habitación entre la noche del 22 y la mañana del 23 de marzo. Las conjeturas comenzaron a difundirse por la mediósfera y en las salas y las cocinas de las familias mexicanas que se conectan diariamente al mundo por medio del Canal de las Estrellas: ¿y si la secuestraron las criadas?, ¿y si la chavita se salió y el policía de la entrada no la vio porque estaba jetón?, ¿y si la abdujeron? Los días se fueron sucediendo y el asunto ya comenzaba a acercase peligrosamente a la historia consabida, al aburrimiento: ocurrió un delito, seguirá la impunidad, fin de la narración y a la que sigue… Pero de pronto, cuando el jueguito comenzaba a perder emoción, la tragedia avivó el interés del respetable: el 31 de marzo encontraron el cadáver de Paulette, pero no en un lote baldío o en la cajuela de un auto robado, sino debajo de su propia cama. La audiencia ahora sí se volcó verdaderamente apasionada en el enigma: ¡horror! ¡Pobre angelito! Los decapitados, las víctimas colaterales, los levantados y ajusticiados pasaron a un muy distante segundo plano. Las madres mexicanas, que son muy madres, levantaron la voz: ¡esa mujer es una desalmada, mírenla cómo no le llora a su propia hija! Los pobres, que somos todos, mostraron ahora sí conciencia de clase: ¡ahora nomás falta que le echen la culpa a las nanas!, claro, como son humildes y no tienen palancas... En pocos días, el asunto estaba ya juzgado para las mayorías, e incluso el público comenzó a sentenciar a los profesionales de la noticia y del comentario que no pensaran lo mismo... Total, que cuando la situación comenzaba a desbordarse, la autoridad competente salió a dar la cara en la única palestra que sí importa, la tele: el 5 de abril, el procurador del Estado de México, Alberto Bazbaz, en entrevista con Carlos Loret de Mola, declaró que era hora de que el juego de tele-detectives finalizara: “Terminar con las hipótesis, sospechas, especulaciones, terminar con eso”. ¿Y ahora? ¡Cómo!, ¿si todo el mundo ya era experto en el tema y las autoridades no daban pie con bola? ¿Quién cerraría la partida? ¿La policía? Tampoco: el hombre y sus débiles instituciones aceptaban su pequeñez: “No podemos acusar ni declarar inocente a nadie..., porque ni siquiera tenemos elementos suficientes para sostenerlo”, confesó Bazbaz. ¿Entonces, de plano se iba a oficializar que la incógnita era irresoluble? Por supuesto que no, el funcionario, a falta de Gran Hermano, sin línea directa con ninguna divinidad omnisapiente, apeló a la superioridad última de la civilización moderna: “Lo que requerimos ahora es mucha más ciencia...”, sentenció. A jugar al Sherlock Holmes y al Hércules Poirot a otra parte, ¡abran cancha que ahí les vienen los CSI!

Un siglo antes de que el procurador del Estado de México hiciera responsable a la ciencia de resolver el caso Paulette, la pluma del sociólogo norteamericano de origen noruego Thorstein Veblen (1857-1929) apuntó: “En cualquier cuestión importante acerca de la cual haya que pronunciarse de una vez por todas, se acaba por apelar, de común acuerdo, al científico. La solución ofrecida a nombre de la ciencia es decisiva, siempre y cuando que no sea desechada por una investigación científica aún más minuciosa”. Y sí, al método científico se encomendó el esclarecimiento del caso Paulette. ¿Podrá hacerlo? Ha pasado ya más de un mes y todavía no se ha informado nada. Quizá simplemente los días se sucedan uno a uno y el olvido termine por difuminar todo. Pero incluso si una noche de estas en el noticiero estelar nos enteramos de que, científicamente, se llegó a una conclusión, ¿saciará ésta la sed de respuesta de la masa-audiencia? Me temo que no, y de nuevo me apoyo en la inteligencia de Veblen: “la búsqueda científica, junto con la herencia salvaje, es innata en el hombre civilizado, ya que dicha búsqueda procede de acuerdo con el mismo motivo general, la curiosidad ociosa, que guiaba a los creadores salvajes de mitos… La antigua predilección humana por descubrir un juego dramático de pasión e intriga en los fenómenos continúa imponiéndose”. Lo que subyace al Clue a distancia y multitudinario en que se convirtió el caso Paulette, más que la necesidad de saber qué pasó, es la urgencia de entender. El idólatra moderno no quiere información, pide a gritos sentido.

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13-05-2010

Por Martín Moreno

Paulette: “la madrearon…”

La madrugada del 31 de marzo pasado, cuando el perito de la Procuraduría General de Justicia del Estado de México (PGJEM) Jorge Rojas González, descubrió el cadáver de Paulette Gebara Farah, tuvo el siguiente diálogo con uno de sus colegas. Estaban en la habitación de la pequeña y revisaban unas colchas con manchas, al parecer, de sangre:

-La madrearon, güey… la madrearon… aquí está esto, es cuando lo vi…

-¿Será?

-Sí…

-Existe una separación entre el colchón y la piecera de 15.5 centímetros y 44 de altura….

-Separación…

-Pero, ahora…

-Tiene dos colchones.

-¿Y de profundidad?

-Ocho…

-Tiene dos colchones, con una altura total de ellos de 34… no estaba hasta acá… ya está, jálala de allá…

(En ese momento levantan las colchas y encuentran el cuerpo de Paulette, justo entre el pie del colchón y la piecera)

-Está bien putrefacta…

Hasta aquí el diálogo entre los peritos, al momento de descubrir el cadáver de la niña. Esta versión fue incluida en un video sobre el caso Paulette.

No fue un hallazgo que comentaran dos sujetos sin preparación. Se trata de peritos especializados y reconocidos por la Procuraduría del Edomex. Y Rojas decidió revisar el lugar luego de percibir “un olor extraño, a humedad”.

Aún más: las nanas de Paulette, Érika y Martha Casimiro, mantienen, hoy, su versión. Martha insiste:

“El lunes (22) entré a la recámara de Paulette para despertarla como todos los días; no estaba. Busqué debajo de la cama, en los clósets, en el baño de su cuarto… ¡cómo es posible que haya aparecido su cuerpo ahí, debajo de la cama, si yo revisé mil veces y no, ella no estaba ahí!”

Sólo quien no lo quiere ver, ignora una enorme posibilidad: el cuerpo fue sacado de su recámara y regresado a ella.

Lissette Farah y Mauricio Gebara están cada vez más indiferentes ante la muerte de su hija. El procurador mexiquense, Alberto Bazbaz, escondido bajo su escritorio. Su jefe, intentando justificarlo.

Ahora, la PGJEM comienza a vender la versión de que, en breve, informará que todo se trató de un accidente.

A ver quién se los cree.

Seguir leyendo el articulo (no habla sobre Paulette)