domingo, 8 de mayo de 2011

Caso Madeleine McCann - Extractos libro: Madeleine por Kate McCann

La traducción de este artículo tiene como ÚNICA finalidad promocionar el libro de la Sra. McCann en España, algo que estamos seguras ella agradecerá. Somos plenamente conscientes que necesitan ese dinero para continuar con la “búsqueda”. Por lo que parece no se pueden utilizar las imágenes originales publicadas en The Sun así que  hemos utilizado otras que han sido publicadas con anterioridad. Artículo sin incidir para no "influenciar" en la opinión pública.


Ninguna persona en su sano juicio querría tener en su cabeza las imágenes que yo tenía de nuestra Madeleine

Por KATE McCann
Publicado: 07 Mayo 2011


Rodeada de fotos de Madeleine, la valiente Kate McCann pasó meses escribiendo su desgarrador libro basado en los diarios guardados después de la desaparición de su hija.

Kate dijo: “Mi razón para escribir es simple – para dar una versión de la verdad. El libro fue escrito para Madeleine, para cuando vuelva y también para sus hermanos Sean y Amelie, para que mientras crecen también puedan leerlo.

“A lo largo del camino hubo frecuentes lágrimas y no seré capaz de seguir adelante. Pero estaba decidida a hacerlo. Cada penique que recaudemos con la venta será gastado en nuestra búsqueda de Madeleine. Nada es más importante que encontrar a nuestra hija.”

En este extracto, editado y abreviado por Antonella Lazzeri y Oliver Harvey, Kate cuenta cómo durante los primeros días estaba atormentada por pensamientos del posible destino de Madeleine en manos de un delincuente sexual.

La manifestación verdaderamente horrible de lo que estaba sintiendo era un macabro slideshow de imágenes gráficas en mi cerebro que me agredían despiadadamente.

Gritaba que podía ver a Madeleine tendida, fría y con manchas, sobre una gran losa de piedra gris.



Mirando atrás, verme así debe haber sido terrible para mis amigos y familiares y particularmente para mis padres, pero no podía ayudarme a mi misma.

Y todo esto tenía que salir. No quiero ni pensar lo que hubiese supuesto para mí que no lo hiciera.

Más tarde eran las noches lo que era peor. No solo el hecho de estar tendida en la oscuridad de la noche me llevaba directamente de vuelta a la peor noche de todas, sino que mi cerebro, finalmente libre de preocupaciones del día a día, vagaba libremente por oscuras y aterradoras avenidas.

Luchaba constantemente por tener pensamientos agradables y volver a dormirme, pero los demonios me tenían en sus garras y me torturarían sin piedad con imágenes demasiado aterradoras y dolorosas para compartir.

Mazmorras

¿Dónde está mi Madeleine? ¡Por favor, Dios, haz algo!

Una entrada en mi diario durante aquellos días: “Llorando en la cama otra vez – no puedo remediarlo. El pensamiento del temor y dolor de Madeleine me destroza. El pensamiento de pedófilos me hace querer arrancarme la piel.”

Poco después de la desaparición de Madeleine recuerdo a Bill Henderson, el Cónsul británico en el Algarve en aquel momento, diciéndome que había habido varios casos recientes de hombres metiéndose en la cama con niños, pero ningún secuestro conocido.

No sé porqué esto no hizo sonar un millón de alarmas. Así las cosas, permaneció encerrado en las mazmorras de mi mente durante muchos meses.

En aquel momento mi mente simplemente no podía conectar tales casos con el de Madeleine. Estos eran víctimas de abusos, y tan terribles como eran estos crímenes, el de Madeleine era mucho peor. Nuestra hija había sido robada.

El sábado 5 de mayo era el día que deberíamos haber vuelto a casa. Gerry y yo nos despertamos a las 4 de la mañana, habiendo dormido durante apenas un par de horas, sintiéndonos aun muy mal y totalmente abandonados por el Poder Judicial en Portimão.

Ambos al borde de la histeria, éramos incapaces de consolarnos mutuamente. Estaba claro que luchábamos por mantenernos a flote. Telefoneamos al Director Internacional de la empresa Mark Warner y le preguntamos si el psicólogo especializado en traumas, Alain Pike, podría venir a vernos.

Alan es un socio clínico en el Centro de Crisis Psicológica, pioneros en la atención de traumas psicológicos con posterioridad a desastres en el país y en el extranjero. Nos hizo hablar, alentándonos a pensar racionalmente sobre lo que estábamos diciendo y hablamos mucho, durante horas. Nos enfrentamos a nuestro mayor temor – que Madeleine había sido secuestrada y asesinada por un pedófilo.

Alan apuntó que estos pensamientos podrían no ser más que especulaciones. No sabíamos lo que había ocurrido.

“Madeleine podría entrar por esa puerta en cualquier momento,” dijo. “Debéis estar preparados para eso.

Después de haber pasado la mayor parte de los días anteriores encerrados, primero con la policía y después con los abogados, hacia el domingo por la tarde Gerry y yo sentimos la necesidad escapar al aire libre. Decidimos salir a dar un paseo por la playa. Recuerdo bien este paseo. Habían sido diez días caóticos y confusos, plagados de incesantes pensamientos terroríficos y oscuros.

Le pregunté a Gerry aprensivamente si él había tenido pensamientos o visiones realmente horribles de Madeleine. Asintió con la cabeza. Vacilante, le hable sobre las terribles imágenes que me pasaban por la mente de su cuerpo destrozado.

Aunque sabía que tenía que compartir esta carga, simplemente planteando el tema en voz alta con cualquier otra persona, incluso Gerry, estaba aterrorizado.

Admitiendo la existencia de estas imágenes de algún modo las confirmaba como una posibilidad real y con eso llegaban nuevas olas de temor.

Todo el mundo tiene sus propios mecanismos de auto protección y rodearte solo de “pensamientos buenos” es uno. Me hubiese gustado poder hacerlo. Ningún ser humano en su sano juicio querría tener en la cabeza las imágenes que yo vi de nuestra Madeleine, pero estaban en la mía.

Simplemente no podía deshacerme de estas escenas diabólicas durante los primeros días y semanas. Sin embargo, aquel paseo con Gerry fue, un pequeño punto de inflexión. El reconocimiento mutuo de estas respuestas tan delicadas y profundamente terribles nos unió aun más.

Sería algún tiempo antes de que pudiésemos llegar lo suficientemente lejos para no pensar en las terribles imágenes grabadas a fuego en nuestras mentes y pensar con lógica sobre aquella noche.

Una vez empezamos a funcionar dentro de los que parecía un mal sueño sin fin, empezamos a peinar a través de nuestros recuerdos, buscando algo significante.

Al principio de ser robada, todo en lo que podíamos pensar era en pedófilos y eso nos corroía. La idea de un monstruo como este tocando a mi hija, acariciándola, profanando su pequeño cuerpo perfecto, simplemente me mataba, una y otra vez. Daba igual que esto pudiera no ser la explicación para el secuestro de Madeleine (y, por favor Dios, no lo es). El hecho de que era una posibilidad era suficiente para impedirme descartarlo.

Me tendía en la cama, odiando a la persona que nos había hecho esto – la persona que nos había quitado a nuestra pequeña niña y la había aterrorizado.

Lo odiaba. Quería asesinarle. Quería infligirle el mayor dolor posible por amontonar todo este sufrimiento sobre mi familia.

Estaba enfadada y amargada y quería que todo desapareciera. Quería recuperar mi antigua vida.

El lunes, 21 de julio de 2008, el Ministerio Público portugués anunció que la investigación sobre la desaparición de Madeleine iba a ser archivada, en espera de más pruebas.

Se hizo público el expediente. Una las informaciones más preocupantes y molestas que emergió bastante pronto fue el registro de delitos sexuales contra niños en el Algarve. (Inciso: Aunque debemos recordar a los lectores que el registro oficial de delincuentes sexuales británicos residentes en Portugal sigue bajo secreto sumarial a petición de las autoridades británicas y con la connivencia de los abogados de los McCann).

Este descubrimiento me hizo sentir físicamente enferma. Leí sobre cinco casos de niños británicos que se encontraban de vacaciones siendo abusados sexualmente en sus camas mientras sus padres dormían en otra habitación.

Interrumpido/molestado

En otros tres casos, los niños se encontraron con un intruso en sus dormitorios, que presumiblemente fue interrumpido antes de tener la oportunidad de llevar a cabo un asalto.

Supuse que estas eran las denuncias de las que me había hablado Bill Henderson. Estos incidentes habían ocurrido en un radio de 1 hora en coche de Praia da Luz durante los tres años anteriores a la desaparición de Madeleine.

La PJ nunca nos había mencionado ninguno de ellos. De hecho, deduje por el expediente, que algunos incluso ni siquiera habían sido registrados por las autoridades.

Por lo que puede que nunca hubiesen visto la luz si los padres de estos niños no hubiesen sido suficientemente valientes para presentarse ante la policía británica después de que Madeleine fuese secuestrada reviviendo así sus pesadillas.

Lo hicieron con la convicción de que pudiera haber un nexo entre lo que le había ocurrido a sus hijos y lo que le había ocurrido a ella.

Me rompió el corazón leer estos terribles relatos por parte de estos padres devastados y las experiencias de sus pobres hijos.

Increíblemente (o tal vez no, en este momento), había un hilo familiar que los unía a todos.

Los padres habían llamado a la policía. No habían sentido que el crimen fuese tomado en serio, por la policía o por sus tour operadores. A menudo no se tomaron declaraciones. A menudo no se solicitaron pruebas de ADN o huellas dactilares. En la mayor parte de los casos no había señales de entrada con fuerza.

Lloré durante horas después de leer una carta de queja de una madre con respecto al abuso sexual de su hija y la falta de atención adecuada que se le prestó.

En particular la última línea me ha perseguido desde entonces:

“Es difícil ver con esta falta de investigación o interés cómo puede construirse un perfil de este hombre.

“No nos pareció que hubiera ningún gran incentivo o determinación para encontrar al delincuente y llevarlo ante la justicia.

“Además, todo podía haber sido mucho peor... sin duda este hombre podría seguir haciendo más daño a otro niño si no se le detiene ahora.” Seis meses después, nuestra querida Madeleine fue secuestrada de su cama. Por supuesto, ninguno de estos niños fue secuestrado y estos crímenes pueden no tener ninguna relación con lo que le ocurrió a Madeleine. No sabemos quién se ha llevado a nuestra hija y con qué propósito.

Sin embargo, lo que sí demuestran estos casos, es que los turistas británicos en alojamientos vacacionales eran objetivos.

Cuanto menos, la posibilidad de un nexo entre estos incidentes y la desaparición de Madeleine debería haber sido investigada.

Es tan difícil no gritar a los cuatro vientos cómo estos crímenes parecen haber sido barridos debajo de la alfombra.

Las autoridades han sabido de ellos desde hace mucho tiempo y sin embargo los autores, hasta donde son conscientes las familias, siguen libres. Están implicados niños y ellos necesitan ser protegidos.

No obstante, estamos muy agradecidos, a sus padres por tener el valor y compasión de compartir sus experiencias con nosotros e intentar ayudarnos a encontrar a nuestra hija.

Noche tras noche, leí sobre individuos depravados, pedófilos británicos, pedófilos portugueses, españoles, holandeses y alemanes y sobre los horribles crímenes que habían cometido.

La policía fue a visitar a algunos de ellos, echaron un vistazo a sus apartamentos y meramente registraron, “Ningún signo de la menor”.

¿Era eso suficiente para eliminar a estos viles personajes de la investigación? Si se hizo más, no había nada en el expediente sobre ello.

Ninguna descripción, ninguna fotografía, ninguna coartada, ningún ADN. Solo “Ninguna señal de la menor.”

Entrada en mi diario. “27 de agosto. De madrugada. Lectura deprimente. ¡Tantos abusadores de niños! Querido Dios, por favor no dejes que sea esto lo que le ha ocurrido a Madeleine. Por favor, Dios.”

© Kate McCann 2011. Extraído de MADELEINE por Kate McCann, que será publicado por Bantam Press el 12 de mayo al precio de £20

© Traducción de Mercedes